La Buena Vida y las canciones que no necesitan levantar la voz
1. La otra cara de Donosti
Cuando se habla de San Sebastián y de música, casi siempre se piensa primero en su costado más combativo. Pero a comienzos de los noventa surgió allí otra manera de entender el pop, mucho menos ruidosa: la que compartieron Family, Le Mans y La Buena Vida.
Family fue, en realidad, un único disco: "Un soplo en el corazón" (1993), obra del dúo formado por Javier Aramburu e Iñaki Gametxogoikoetxea. Le Mans nació poco después, con Ibon Errázkin como uno de sus nombres centrales. Y La Buena Vida se presentó oficialmente en 1992, en la primera fiesta de la discográfica Siesta, gracias a una maqueta que el propio Errázkin hizo llegar al sello.
No fueron solo compañeros de escena: se prestaban trabajo. Aramburu firmó buena parte de las portadas de los primeros discos de La Buena Vida, y Errázkin colaboró como guitarrista en su álbum de debut. Lo que compartían no era tanto una etiqueta de prensa como una forma concreta de entender las canciones: armonías cuidadas, letras directas, nada de gritos. En Latidos37 preferimos quedarnos con eso antes que con el nombre que le pusieron los periódicos.
2. Family y "Nadadora"
Entre las canciones que hemos elegido para el programa hay una que merece una aclaración antes de seguir. "Nadadora" no es una canción de La Buena Vida: es de Family, incluida en "Un soplo en el corazón", escrita por Javier Aramburu e Iñaki Gametxogoikoetxea.
En 2003, con motivo del décimo aniversario de aquel disco, Rockdelux y Elefant Records editaron un homenaje en el que catorce grupos versionaban las catorce canciones del álbum original. La Buena Vida se hizo cargo de "Nadadora", y lo hizo con una fidelidad casi religiosa al original: apenas se atrevieron a tocarla, como quien no quiere estropear algo que ya está bien como está.
Nos gusta empezar por ahí porque explica algo importante antes de hablar de La Buena Vida en concreto: de dónde venían. De una comunidad de músicos donostiarras que se prestaban canciones, portadas y arreglos entre sí, y en la que una canción nunca terminaba de pertenecer del todo a quien la había escrito.
3. En bicicleta
La Buena Vida se formó en San Sebastián en 1988, cuando seis amigos —Irantzu Valencia, Mikel Aguirre, Pedro San Martín, Javier Sánchez, Raúl Sebastián y Borja Sánchez— empezaron a tocar juntos. Tuvieron que pasar cuatro años hasta su presentación oficial, y otro más hasta que, en noviembre de 1993, publicaran su primer álbum de larga duración, homónimo, en Siesta Records.
De ese disco sale "En bicicleta", la canción que mejor resume lo que hacían en aquellos primeros años: una épica minúscula, hecha de bicicletas, tardes concretas, y ese "para qué volver" que casi funciona como lema de toda esa etapa. No hablaban de grandes gestas. Hablaban de salir a dar una vuelta con quien uno quiere, y de que eso, bien contado, ya contuviera algo parecido a la felicidad.
Todavía no había cuerdas ni arreglos orquestales. Solo la certeza, ya entonces, de que la sencillez, bien trabajada, no tiene nada de simple.
4. Soidemersol
Si hay un disco en el que La Buena Vida da el salto, ese es "Soidemersol" (Siesta, 1997) —su nombre es el de un restaurante madrileño, leído al revés—. Es el momento en que el grupo decide producirse a sí mismo y se atreve con algo que hasta entonces no se había permitido: una orquesta de veinte músicos, grabada en Londres bajo la dirección de Louis Philippe, y el piano de Joserra Semperena, que a partir de ahí se convertiría en colaborador habitual.
De ahí salen "Pacífico" y "Desde hoy en adelante", los dos sencillos con los que se presentó el disco. "Pacífico" nació, según ha contado el propio grupo, de una parada de metro madrileña que pisaban camino del estudio de mezclas; la canción, sin embargo, suena a costa y a nostalgia playera, con esas cuerdas que envuelven la voz de Irantzu Valencia en una de las imágenes más bonitas de todo su repertorio: nadar entre bosques de coral, creerse durante un instante una estrella de mar. "Desde hoy en adelante" —deudora, según han reconocido ellos mismos, de su fascinación por "A Day in the Life" de los Beatles— se mueve entre la devoción y la autoafirmación, entre el "no pienso olvidarte" y el "nadie puede cambiarme".
Con "Soidemersol", La Buena Vida deja de sonar a promesa y empieza a sonar a autor. Las letras se hacen más complejas, menos ingenuas, y la orquestación deja de ser un adorno para convertirse en parte de lo que cada canción quiere contar.
5. Álbum
Tras "Panorama" (1999) y "Hallelujah!" (2001), La Buena Vida cerró amistosamente su etapa en Siesta y firmó con Sinnamon Records. El resultado, publicado en 2003, se tituló simplemente "Álbum": casi una declaración de intenciones, la de volver a empezar sin dar nada por sentado.
De ahí es "Nada debería fallar", una canción sobre la fragilidad de lo que damos por seguro, publicada en un momento en el que el grupo, después de una década larga de carrera, decidía reinventarse desde la sencillez de sus primeros trabajos en lugar de seguir acumulando ambición orquestal. Aunque cronológicamente "Hallelujah!" es anterior en dos años a "Álbum", en el programa hemos preferido este orden: "Nada debería fallar" funciona mejor como puente hacia la etapa más introspectiva del grupo, la que vamos a escuchar a continuación.
6. Hallelujah!
Volvemos entonces a 2001, al disco que buena parte de la crítica sigue señalando como el más redondo de la carrera de La Buena Vida: "Hallelujah!", grabado a caballo entre San Sebastián, Madrid y Praga, con la colaboración de una orquesta sinfónica praguense. En él conviven, casi por primera vez de forma tan explícita, las tres voces compositoras del grupo: Javier Sánchez, Mikel Aguirre y Pedro San Martín.
De ahí proceden "Vapor de carga", escrita por Mikel Aguirre, y "Sólo tienes lo que das", escrita por Pedro San Martín. La primera esconde bajo su aparente optimismo la lógica de una despedida —"volveré, pero necesito irme"—; la segunda mezcla rencor y cariño con la lucidez de quien ya ha pasado por las dos cosas. Escuchadas seguidas, casi funcionan como una conversación entre dos maneras distintas de irse.
Conviene recordar, al escucharla, que Pedro San Martín, autor de "Sólo tienes lo que das", falleció en 2011 en un accidente de tráfico al regresar de un concierto de Nacho Vegas en Burgos. No hace falta dramatizar el dato para que pese: basta con dejarlo ahí, donde corresponde. Sus antiguos compañeros, Mikel Aguirre, José Luis Lanzagorta e Iñaki de Lucas, siguen tocando juntos en Amateur, el grupo que formaron después; Javier Sánchez continúa con su proyecto AMA. La Buena Vida, como formación, no ha vuelto a tocar desde hace años, pero sus canciones —y quienes las escribieron— siguen presentes en la música que se hace ahora mismo en San Sebastián.
7. Cuando una canción se queda
Aquí es donde queremos detenernos, porque es la idea que sostiene todo el programa. Una canción puede sonar exactamente igual —los mismos acordes, el mismo arreglo de cuerda, la misma voz— y significar algo completamente distinto según el momento de la vida desde el que se escuche. A los veinte años, "Pacífico" puede ser una canción sobre el verano. Escuchada más tarde, la misma canción puede convertirse en una manera de recordar a alguien con quien se escuchó por primera vez. La canción no ha cambiado nada. El que ha cambiado es quien escucha.
Eso es, en el fondo, lo que hace que La Buena Vida no necesite grandes gestos para quedarse con nosotros. No construyeron himnos pensados para sonar en un estadio. Construyeron canciones pensadas para acompañar una tarde concreta, un trayecto en bicicleta, una relación que empieza o que termina. Y esas canciones, precisamente porque son pequeñas, tienen más sitio para que cada uno meta dentro su propia vida.
8. Los mejores momentos
El programa se cierra con "Los mejores momentos", que no es, como podría pensarse, una canción tardía ni un resumen final: es el tema que abre el segundo álbum del grupo, publicado en 1994, tan pronto en su carrera que ni siquiera tenía todavía el sonido orquestal que llegaría después. Cerrar con ella, con la canción más antigua de toda la selección, no es un despiste: es una manera de decir que el final de un programa también puede ser una vuelta al principio.
La canción habla de perdonar, de sentirse perdido, de que todo haya terminado ya. Pero su título, escuchado fuera de contexto, dice algo más grande que la propia letra: los mejores momentos no siempre son los que parecen grandes acontecimientos. A veces son una canción escuchada por primera vez en una habitación concreta. A veces son cincuenta y cuatro minutos de radio un martes cualquiera de febrero.
Esto no ha sido una biografía de La Buena Vida. Ha sido, simplemente, la historia de por qué en Latidos37 hemos decidido detenernos esta semana en sus canciones. Si te apetece, el programa completo está disponible para escuchar cuando quieras.